domingo, 26 de abril de 2026

Prólogo

El amor está en el aire expresó John Paul Young y yo digo que la inspiración igual. Y también digo que cada persona es una historia no narrada y un libro sin escribir, por no decir un filósofo anónimo que todos los días expresa frases sabias y toma decisiones estratégicas, aunque no sea consciente de ello.

Ese individuo es un misterio inmerso en un misterio mayor: el universo. Y como individuo y como especie se esfuerza en comprender quién es, de dónde viene y hacia dónde va. El espectro de posibilidades es muy amplio entre teorías científicas y relatos de connotación religiosa, pero ahí va, separando el trigo de la paja para descubrir por fin su lugar en el vasto, inconmensurable e insondable cosmos.

Además de misteriosa es una criatura peligrosa. Sin ser ni la más grande ni la más veloz ni la más intimidante ni la más fuerte, se ha adaptado, ha transformado su hábitat y ha impuesto sus reglas. Era poco probable que sobreviviera a las inclemencias de la naturaleza y ahí está, sorprendiendo con resiliencia, persistencia e impredecibilidad, y también con una disputa absurda e inútil entre géneros.

Más allá de las problemáticas personales están las globales que son una extrapolación de los pequeños dramas, ya que si no hay paz en el corazón de cada humano no hay paz posible en el mundo. Hay una serie de situaciones que parecen realidades inamovibles, pero solo son sofismas de distracción para que nadie se entere de la verdad y no recuerde cuál es el verdadero juego. A modo de cultura general, hay que estar al tanto y ojalá lejos del televisor.

En todo caso, nada externo es trascendental ni forma parte del verdadero juego. No importa la biblia ni los dinosaurios ni las tragedias del medioevo bajo afiladas uñas de la iglesia ni las guerras modernas ni el riesgo supuesto de invasión extraterrestre ni nada que distraiga del foco de atención necesario en el fuero interno de cada cual.

El verdadero juego solo se desarrolla internamente con base en la optimización de las emociones. El fuero interno es el verdadero reino de la consciencia. Quien presta su atención al desarrollo de los eventos externos no está jugando su propio juego y se mantiene atrapado en ciclos de repetición innecesarios e inútiles.

Es tan importante y urgente entender esto, que incluso hay que ser sumamente cuidadosos frente a lo que se adopta del discurso de los que se precian de maestros espirituales ya que hay muchos por ahí devorados por el ego espiritual canalizando información que reciben desde el programa de la matrix, con justo aquello que los programadores quieren que ejecutemos y esa información no proviene de planos sutiles como pretenden hacer creer y no es cierta. Todo lo que induzca miedo, tipo invasión y rapto, se debe descartar inmediatamente ya que lo prioritario es elevar la vibración lo más alto posible. Hay que hacer lo que nos haga felices y perdonarse porque es fundamental estar en paz interior.

Lo que aceptamos como realidad es una trampa biológica. El sistema nervioso humano no recibe información del exterior, sino que la genera por sí mismo. El cerebro es una especie de sala de cine sellada donde el proyector genera las imágenes que inducen la realidad sin que el proyector haya salido de la sala. La realidad externa no suele vivirse como el humano de alta consciencia que somos, sino como el personaje (avatar) del juego y ese personaje puede ser hackeado y manipulado. Quien tenga oídos, que escuche. 

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